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3. Servicios ecosistémicos, seguimiento medioambiental, gestión de riesgos y resiliencia climática
3.1.1 Comprender qué son los servicios ecosistémicos
La acuicultura de moluscos bivalvos es importante por los servicios ecosistémicos significativos que proporciona. De hecho, los bivalvos desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la salud de los ecosistemas costeros, al contribuir significativamente a la regulación de los ciclos biogeoquímicos y a la protección de los hábitats mediante la realización de una serie de servicios que podemos resumir a continuación.
Filtración del agua de mar
Uno de los servicios ecosistémicos más conocidos y ecológicamente significativos que prestan los moluscos bivalvos es su notable capacidad para filtrar grandes volúmenes de agua. A través de su comportamiento alimentario, estos organismos consumen fitoplancton, materia orgánica en suspensión y detritus, lo que mejora eficazmente la calidad del agua circundante. Este proceso, denominado depuración biológica, no solo ayuda a reducir la turbidez del agua, sino que también desempeña un papel crucial en la reducción de los niveles excesivos de nutrientes, en particular del nitrógeno y del fósforo, que son los principales contribuyentes a la eutrofización costera. Al filtrar la materia particulada de la columna de agua, los bivalvos ayudan a restablecer el equilibrio en los ecosistemas marinos, lo que reduce el riesgo de floraciones de algas nocivas (HAB), que pueden tener efectos devastadores sobre la biodiversidad local, la calidad del agua y la pesca. La filtración de los bivalvos también mejora significativamente la claridad del agua, lo cual es vital para la salud de la vegetación sumergida, como las praderas marinas y las macroalgas. Estas plantas dependen del agua transparente para realizar la fotosíntesis de manera eficaz y, al mejorar la penetración de la luz, los moluscos bivalvos contribuyen indirectamente a la productividad de estos hábitats cruciales. Además, el proceso de filtración ayuda a promover el ciclo de los nutrientes, lo que contribuye a unos ecosistemas más estables y productivos. Como destacan Smaal y Poutiers (2003), un solo ejemplar de Mytilus edulis (mejillón azul) puede filtrar hasta 25 litros de agua al día, lo que pone de relieve el potencial que tienen incluso las pequeñas poblaciones de bivalvos para mejorar sustancialmente la calidad del agua.
Esta capacidad de filtración no solo es importante para mantener el equilibrio ecológico, sino que también tiene implicaciones significativas para la sostenibilidad de la acuicultura. Por ejemplo, en los sistemas de cultivo costeros, los moluscos bivalvos pueden reducir la necesidad de intervenciones externas de tratamiento del agua, lo que hace que las operaciones de acuicultura sean más respetuosas con el medioambiente y dependan menos de las tecnologías de filtración artificial.
Un ejemplo práctico de este servicio es la ostra plana europea (Ostrea edulis), utilizada para la bioextracción de nutrientes en la laguna costera del Mar Menor, en España. Esta especie ha demostrado una capacidad sustancial para mitigar la eutrofización al filtrar grandes cantidades de materia orgánica del agua, lo que mejora la calidad del agua y contribuye a la recuperación del ecosistema (Albentosa et al., 2023).
Papel de los bivalvos en el ciclo del carbono y de los nutrientes
Los moluscos bivalvos desempeñan un papel crucial en el ciclo del carbono al secuestrar dióxido de carbono (CO₂) del agua de mar e incorporarlo a sus conchas, que están compuestas principalmente de carbonato de calcio (CaCO₃). Este proceso biológico, conocido como biomineralización, contribuye a mitigar el cambio climático al reducir las concentraciones de CO₂ en la atmósfera.
Además del secuestro de carbono inorgánico, la biomasa de los moluscos bivalvos sirve como una importante reserva de carbono orgánico. A través de sus procesos metabólicos y su posterior deposición en los sedimentos, estos organismos facilitan el enterramiento de la materia orgánica, lo que contribuye aún más al ciclo del carbono. Aunque los procesos de calcificación liberan algo de CO₂ como subproducto, el efecto neto del cultivo de bivalvos en el secuestro de carbono sigue siendo positivo, especialmente en condiciones medioambientales bien gestionadas (Heilweck et al., 2023).
Además, la acuicultura de bivalvos aporta importantes beneficios medioambientales mediante la captación de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo. Estos organismos filtran grandes cantidades de partículas orgánicas del agua, eliminando el exceso de nutrientes que puede causar eutrofización en las zonas costeras.
Un estudio ha puesto de relieve que el cultivo de bivalvos puede ayudar a eliminar nutrientes, mejorar la calidad del agua y promover la salud de los ecosistemas marinos (Gren, 2019). Además, la integración de la acuicultura de bivalvos en los sistemas de acuicultura multitrófica integrada (AMTI) puede mejorar la eficiencia de la recuperación de nutrientes, lo que reduce el impacto medioambiental general de otros sistemas de acuicultura.
En conclusión, si bien la contribución de los bivalvos al secuestro de carbono requiere una gestión cuidadosa para maximizar los beneficios, su papel en el ciclo del nitrógeno y el fósforo representa un servicio ecosistémico crucial para la salud del medio ambiente marino.
Por lo tanto, la adopción de prácticas de gestión sostenible en la acuicultura de bivalvos puede ofrecer beneficios tanto para la producción de alimentos como para la protección del medioambiente.
Creación de hábitats y zonas de cría
Las granjas de moluscos bivalvos desempeñan un papel crucial en la creación de hábitats complejos que proporcionan refugio y alimento a diversos organismos marinos.
Las estructuras físicas utilizadas en la acuicultura, como cuerdas, redes y postes, ofrecen superficies para que la epifauna sésil las colonice, lo que crea una intrincada matriz de hábitat. Los sedimentos enriquecidos y diversificados bajo estas estructuras proporcionan un entorno favorable para la infauna, lo que aumenta la biodiversidad local.
La investigación de Rumohr et al. (2016) destaca que las granjas de mejillones pueden impulsar la biodiversidad al sustentar a una variedad de especies bentónicas y nectónicas. Estas granjas sirven como zonas de cría para peces juveniles e invertebrados, lo que mejora las tasas de supervivencia al ofrecer protección frente a los depredadores y condiciones favorables para el crecimiento.
La mayor complejidad del hábitat en torno a las granjas de bivalvos promueve interacciones ecológicas que favorecen la productividad y la resiliencia de los ecosistemas marinos.
Las estructuras de los bivalvos también contribuyen al ciclo de los nutrientes y a la estabilización de los sedimentos, servicios esenciales para mantener la salud de los ecosistemas marinos, especialmente en zonas dañadas por las actividades humanas.
Al integrar estas prácticas, la acuicultura de bivalvos tiene el potencial de mejorar los servicios de los ecosistemas, promover la biodiversidad y respaldar la pesca sostenible, contribuyendo a la estabilidad ecológica y económica de las regiones costeras.
Protección contra la erosión costera
Las granjas de moluscos bivalvos pueden ayudar a proteger las costas al atenuar la energía de las olas y estabilizar los sedimentos. Las estructuras de las explotaciones pueden actuar como rompeolas, reduciendo el impacto de las mareas de tempestad en la costa.
Un análisis de Turner et al. (2009) mostró que las granjas de ostras pueden reducir significativamente la erosión costera, lo que contribuye a la protección de las costas y de las comunidades locales.
Además, como se destaca en la revisión exhaustiva de van der Schatte Olivier et al. (2018), la acuicultura de bivalvos proporciona una amplia gama de servicios ecosistémicos, incluida, como se ha mencionado anteriormente, la protección costera. El estudio hace hincapié en que los hábitats densos y estructurados creados por las granjas de bivalvos mejoran la deposición de sedimentos y reducen la erosión, lo que contribuye a la estabilidad general de los ecosistemas costeros.
Al actuar como barreras naturales, estas granjas no solo preservan las costas, sino que también mejoran la calidad del agua y promueven la biodiversidad.

Fig. 20 - Servicios ecosistémicos de los bivalvos y estrategia de la UE, una combinación perfecta