4. Comercialización de moluscos bivalvos: acceso al mercado, certificaciones, cadena de suministro y trazabilidad, innovaciones de productos y procesos

4.1.4 Modelos de mejora económica y herramientas para la remuneración de los servicios ecosistémicos (Pagos por Servicios Ecosistémicos - PSE)

El reconocimiento de los servicios ecosistémicos que prestan los moluscos bivalvos de cría es cada vez más importante en Europa y en todo el mundo.

Estos organismos contribuyen de forma importante a la filtración del agua de mar y a la eliminación del exceso de carga orgánica, al aumento de la biodiversidad y a la fijación de CO2, lo que genera beneficios que van más allá del valor comercial del producto.

En Irlanda, donde las condiciones medioambientales son especialmente favorables y el sector ya está más avanzado tecnológicamente, se están desarrollando iniciativas para promover estos servicios a través de certificaciones y proyectos piloto.

En Francia, la integración entre la acuicultura, la salud pública, la investigación científica y la gestión medioambiental está más avanzada, y las colaboraciones entre los productores y las autoridades públicas son cada vez más habituales. Todavía no existe esta concienciación entre los acuicultores de Italia, España y Grecia, y este tema aún no se debate ampliamente aunque se considera crucial, sobre todo por los principales organismos científicos del sector.

Los Pagos por Servicios Ecosistémicos (PSE) aplicados a el cultivo de moluscos bivalvos representan una de las fronteras más fascinantes y complejas para la acuicultura contemporánea de la UE, al constituir un verdadero cambio de paradigma que hace que el acuicultor pase de ser un simple productor de alimentos a un guardián activo del medio ambiente costero.

Esta concienciación da lugar a la gran oportunidad de los PSE, es decir, la posibilidad de reconocer y remunerar económicamente estos beneficios, creando una fuente de ingresos complementaria y diversificada para las empresas acuícolas. Este sistema no solo podría incentivar prácticas de gestión aún más virtuosas, sino también mejorar drásticamente la percepción pública del sector, que a menudo se asocia erróneamente con los impactos negativos de las formas de acuicultura intensiva. Sin embargo, la transición de la teoría a la práctica plantea retos considerables.

La principal dificultad radica en la cuantificación y la valoración económica objetiva de estos servicios ecosistémicos. Calcular los servicios ecosistémicos prestados (creación de hábitats y eliminación del exceso de nutrientes) y asignarles un valor económico es a veces físicamente imposible o requiere protocolos científicos extremadamente rigurosos, un seguimiento constante y modelos específicos para cada lugar, ya que, por ejemplo, la eficacia de la filtración varía enormemente en función de la especie, las corrientes, la temperatura del agua y la estacionalidad.

Además, por ejemplo, la cuestión del secuestro de carbono en los bivalvos sigue siendo objeto de debate académico, ya que el proceso de calcificación para formar la concha libera temporalmente dióxido de carbono, lo que dificulta la certificación del balance neto. Además de estas incertidumbres científicas, existen importantes obstáculos burocráticos y económicos: los costes de implantación de los sistemas de seguimiento, notificación y verificación (los llamados costes de transacción) corren el riesgo de ser tan elevados que anulen el beneficio económico de la propia subvención, dejando fuera de facto a los pequeños productores que constituyen la columna vertebral del sector en Europa.

 

Fig. 25 - ¿Se pueden monetizar los servicios ecosistémicos?

 

Otra cuestión fundamental es la creación del mercado y la definición de mecanismos de remuneración transparentes: ¿quién debe pagar por estos servicios? Aunque se puede prever la intervención pública a través de los fondos de la UE, un sistema verdaderamente escalable y duradero requeriría la participación de capital privado, tal vez a través de mercados voluntarios de créditos de nitrógeno o de carbono, que, sin embargo, requieren marcos normativos claros, estandarizados y reconocidos que todavía están en una fase puramente embrionaria en Europa. Por último, está la cuestión del principio de «adicionalidad», un requisito clave de muchos modelos de PSE: para justificar el pago, las normativas suelen exigir la prueba de que el servicio ecosistémico es una adición al statu quo y de que no se produciría sin el incentivo financiero, un concepto muy difícil de aplicar y de hacer reconocer por parte de instalaciones acuícolas que pueden llevar décadas en funcionamiento. Por esta razón, aunque el interés por los PSE está creciendo sin duda en todos los países europeos como herramienta para conciliar el desarrollo económico y la conservación, su aplicación real y generalizada requerirá un enorme esfuerzo conjunto en el que los investigadores tendrán que aportar datos irrefutables, los legisladores tendrán que agilizar y armonizar los mercados de créditos medioambientales, y los operadores públicos y privados tendrán que trabajar juntos para construir un sistema justo y accesible que recompense concretamente a quienes generan un valor real para el ecosistema.

Otras herramientas de valorización son las certificaciones medioambientales, los mercados voluntarios y las asociaciones público-privadas. Estos modelos pueden ayudar a diversificar los ingresos de los operadores y promover la sostenibilidad.