2.2 Cuestiones y soluciones relacionadas con los problemas presentes en los países implicados en el proyecto: enfermedades, depredadores, especies exóticas, temperatura del mar, cambio climático, tormentas marinas.
2.2.4 Problemas relacionados con posibles depredadores o con el impacto de especies exóticas en cada país
La depredación y el impacto ecológico y económico de las especies nocivas son problemas que crecen rápidamente en toda Europa. Para comprender plenamente el fenómeno, es esencial distinguir entre dos frentes: por un lado, la presión ejercida por los depredadores locales (autóctonos), con los que el sector ha coexistido históricamente; por otro, las nuevas amenazas que plantean las especies invasoras (no autóctonas o exóticas). El calentamiento global, combinado con la intensificación del tráfico marítimo (que puede transportar larvas u organismos adultos en el agua de lastre o en los cascos de los barcos), está alterando profundamente el equilibrio de los ecosistemas costeros, favoreciendo en algunos casos el rápido establecimiento de especies exóticas altamente competitivas.
En Italia, el sector se enfrenta a problemas relacionados especialmente con las especies exóticas, pero los depredadores autóctonos también pueden causar daños importantes. En cuanto a las amenazas autóctonas, el cultivo de mejillones en alta mar y en la costa a menudo tiene dificultades para coexistir con la dorada común (Sparus aurata), que puede alimentarse de mejillones en grandes cantidades. Las poderosas mandíbulas de la dorada local literalmente rompen las conchas de los mejillones en crecimiento, lo que obliga a los criadores a incurrir en costes extremadamente elevados para cubrir los postes con pesadas redes a prueba de depredadores. A lo largo del Adriático, estos problemas suelen estar causados por las tortugas marinas (Caretta caretta), que a menudo se alimentan de bivalvos. En este caso, la depredación, también debida a los fuertes y correosos picos de las tortugas, puede provocar la rotura de la bolsa de plástico que contiene los mejillones, lo que da lugar a la pérdida de todo el producto.
Un problema aún más importante lo causa una especie no autóctona: el cangrejo azul Callinectes sapidus. Esta especie exótica, originaria de las costas atlánticas de Estados Unidos, está literalmente diezmando las granjas de almejas (Ruditapes philippinarum) en el norte del Adriático. El cangrejo azul se alimenta tanto de almejas jóvenes como adultas, y sus fuertes tenazas son capaces de cortar las redes de fondo que se utilizan para proteger cada vez más el producto. Además, esta especie se reproduce exponencialmente, beneficiándose de la ausencia de antagonistas naturales locales.

Fig. 17 - Principales depredadores de moluscos en Italia y Grecia
También en Grecia, el cultivo de mejillones se enfrenta a una intensa presión de depredación, actualmente predominantemente autóctona. Al igual que en Italia, los long-line de mejillones fondeados en los ricos golfos griegos proporcionan una fuente de alimento de fácil acceso para grandes bancos de doradas salvajes y tortugas marinas autóctonas. La única defensa viable es colocar los mejillones dentro de redes protectoras. Sin embargo, las autoridades y los acuicultores griegos también están elevando el nivel de alerta para las especies no autóctonas, al tiempo que vigilan la progresiva propagación de especies exóticas como el cangrejo azul en sus mares, que amenaza con extender sus daños a los ecosistemas griegos.
En España, en las rías gallegos, los daños a los criaderos de mejillones se dividen claramente entre la depredación natural y la bioincrustación invasora. Históricamente, las crías de mejillón han sido depredados por especies autóctonas como la estrella de mar (Asterias rubens) y diversas especies de peces costeros locales. Sin embargo, el problema más insidioso en esta zona hoy en día está relacionado con la expansión de especies incrustantes. Estos organismos no actúan como depredadores directos, sino que mantienen una competencia espacial y trófica con los bivalvos: al asentarse en masa en las cuerdas de cultivo, ralentizan el crecimiento de los mejillones y, combinado con su propio peso. Con todo, el principal problema de depredación lo sufren los parques de cultivo de almejas.
En Francia e Irlanda, naciones con una fuerte tradición en el cultivo de ostras, las amenazas adoptan diferentes formas en los ecosistemas intermareales, pero reflejan la misma división. Por un lado, están los depredadores autóctonos: las ostras cultivadas en bolsas son tradicionalmente el objetivo de las estrellas de mar, los cangrejos verdes autóctonos (Carcinus maenas) y las aves marinas, cuyo impacto se mitiga mediante métodos tradicionales. Por otro, el sector está plagado de parásitos y competidores no autóctonos. Un grave problema en Francia (y un riesgo constante para Irlanda) lo plantean los gasterópodos exóticos depredadores, los llamados «taladros de ostras», sobre todo la especie asiática invasora Ocinebrellus inornatus, que puede perforar la concha de la ostra para consumir su tejido blando. Otra grave plaga exótica, ahora endémica de Bretaña y Normandía, es la crepidula (Crepidula fornicata): este molusco de origen norteamericano no se alimenta directamente de bivalvos, sino que se comporta como un feroz competidor espacial, formando densas colonias estratificadas que alteran el ecosistema bentónico y asfixian a las ostras.